"LA MÁS MARAVILLOSA DE LAS ALICIAS"




Por María Campos Tejada

Nos encontramos ante una de las representaciones de la coproducción del Royal Ballet junto al Ballet Nacional de Canada, cuyo estreno tuvo lugar el 28 de febrero de 2011 en la Royal Opera House, en Londres, bajo la dirección coreográfica de Christopher Wheeldon y orquestada por Christopher Austin Y Joby Talbot.


Fue tal el atractivo de esta obra, que fue llevado al “relativamente” reciente programa propuesto por la Royal Opera House, donde se realizan proyecciones en directo en diversos cines que se reparten por todo el mundo. Enfrentándose al reto no solo de una ruptura de la cuarta pared metafórica sino en este caso, una totalmente verídica y tecnológica.


Partiendo de la historia original y mundialmente conocida de Lewis Carroll (1865), considerada como una de las mejores novelas del género del sinsentido, deciden, Nicholas Wright, encargado de la escenografía y Joby Talbot, responsable de orquestar la obra, asegurar una coherencia dramatúrgica, de la que en ocasiones carece la historia original. Para poder proporcionar al espectáculo un hilo algo más racional, introducen una especie de historia paralela, que por supuesto como en la mayoría de los ballets es de carácter romántico. Alicia, lejos de la estereotipada figura a la que estamos acostumbrados de niña rubia con traje azul y mandil, no vagará entonces por el país de las maravillas sin ningún motivo, en este caso, aquello que la impulsa es la persecución del chico que se encargaba del cuidado de los jardines en su casa, que posteriormente se convierte en uno de los sirvientes de la reina de corazones. Dicha historia es presentada al comienzo del primer acto donde una pieza cercana a un paso a dos nos informa de la afinidad que une a ambos personajes. Posterior a esta pieza tiene lugar una comida a la que asistirán comensales de todo tipo y que posteriormente veremos caricaturizados en el país de las maravillas, llevando todos sus rasgos a un extremo de lo más bizarro y escabroso en ocasiones. Los vestuarios son de lo más extravagantes, colores llamativos y volúmenes estridentes, proporcionándonos muchísima información de los personajes ya referidos anteriormente; en el caso de la escena de la danza árabe, el vestuario se amolda perfectamente a dicha cultura, pantalones bombachos y tops que dejan ver el vientre de los bailarines, marca de la sensualidad propia de esta danza. Predomina también el color azul, que causa un efecto relajante que hace referencia al opio ingerido por Alicia anteriormente y es la música esencial también a la hora de crear dicho ambiente.


Personalmente creo que en cuanto a escenografía, el trabajo es impecable, y la inmersión en el mundo de las maravillas no es una experiencia que solo Alicia experimenta.Dicha inmersión comienza con una distorsión del sonido de la propia comida, una mezcla de voces que mantienen conversaciones, también la luz se hace más tenue con el fin de hacernos totalmente ajenos a toda aquella realidad.


La proyección de un túnel en movimiento casi hipnótico nos hará adentrarnos junto con la joven en su próxima aventura.

Las proyecciones en movimiento son protagonistas durante una gran parte de la obra, donde se utilizan multitud de efectos visuales. Otro ejemplo de efecto visual, es la utilización de una caja de perspectiva cónica que conseguirá jugar con el tamaño de la bailarina, en este caso ,Alicia, tras la ingesta de las distintas pócimas acompañadas por supuesto de los mundialmente famosos carteles “bébeme” , recreando la escena emblemática de la historia de Carrroll.


Dentro de las proyecciones son utilizadas con gran versatilidad aquellas de tipo “mapping”, de modo que permiten una interacción directa de los bailarines con ellas. Es la escenografía en muchas ocasiones utilizada como utilería, como sucede en el caso de la presentación del sombrerero durante la fiesta del té, donde se contempla una paradoja con la aparición de un escenario dentro del propio escenario y donde los cupcakes que aparentemente forman parte del decorado es utilizado por los bailarines como trampolín dentro de la propia coreografía.


A medida que la trama se va desenvolviendo Alicia va teniendo la ocasión de encontrarse con diversas criaturas. Dos de los encuentros más llamativos a nivel escenográfico, son el encuentro en la carnicería, donde la música (de carácter muy estridente) y la iluminación (en tonos rojos y contrapicada) son claves para crear un ambiente de máxima tensión y donde el bebé, siendo un humano, es elemento de utilería lo que proporciona un efecto aún más tenebroso. Otra de las escenas más emblemáticas es cuando se produce la entrada de la reina de corazones, donde el vestuario es el gran protagonista, sirviendo incluso de transporte, donde el nivel de interpretación y el coreográfico son ambos sublimes.


La aventura va teniendo lugar plagada de signos muy premeditados y con un fin concreto.

Creo sin duda que esta obra, es un claro ejemplo de la importancia de una buena puesta en escena, pues como sino iba a resultar sorprendente una historia junto a la que hemos crecido la enorme mayoría. Es el trabajo de escenografía el encargado de devolver a escena toda aquella fantasía que caracteriza dicha producción y a la que es imposible mostrarse indiferente.









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