EL LAGO DE LOS CISNES CON SU MÁS CLÁSICA ESENCIA

Por PATRICIA BARRERA DEL CAMPO Y SARA DE DIEGO MARTÍNEZ

Basada en la leyenda que transcurre entre el amor y la magia, se nos relata cómo una joven es convertida en cisne de día y recupera su forma humana al atardecer, por Von Rothbart, un malvado mago, cuyo hechizo solo será disuelto por un amor verdadero.

Aquí entra el príncipe Sigfrido, el cual busca esposa por la víspera de su cumpleaños, por lo que mientras tanto sale de caza con sus amigos y se encuentra con Odette, la reina de los cisnes, quien le cuenta su triste destino. Le confiesa que sólo una promesa de amor que llegue hasta el matrimonio podría acabar con el encantamiento. Sigfrido jura hacer esa promesa en la fiesta que se celebrará al día siguiente en el palacio en la que él tiene que elegir esposa. Tras la entrada de las princesas aspirantes a ser elegidas como esposas de Sigfrido, los heraldos anunciaron una visita inesperada. Entre los invitados, Sigfrido cree reconocer a Odette, pero en realidad el mago había traído a su hija Odile, disfrazada de su amada. El príncipe, sin darse cuenta del engaño, le jura su amor, traicionando así a su verdadero amor, a la que ve llorando a través de una de las ventanas de palacio.  Ante esto, Odette elige la muerte antes que seguir siendo un cisne para siempre. En esto llega Sigfrido y le pide perdón, pero ya es demasiado tarde. Los dos deciden morir ahogados en el lago.

A nuestro parecer, la consideramos una obra excelente de gran calidad técnica tanto dentro como fuera del escenario. Los bailarines gozan de una indiscutible limpieza técnica y gracilidad de movimiento acompañados de dos grandes figuras dancísticas como lo son Roberto Bolle y Svetlana Zakharova, dentro de un teatro tan reconocido como la Scalla de Milán. Por supuesto, no olvidarse del fantástico equipo técnico, el cual hace que te sumerjas dentro de la historia por la puesta en escena, viéndose así, en el decorado, tejido de los trajes, y la iluminación la cual te adentra en una atmósfera mágica en cada acto. Añadir, como la orquesta de música en directo, envuelve a los espectadores dentro de la historia. Siendo claras, será una obra la cual merecerá la pena ir a ver por las intensas emociones que despertaran en ti.

 Encontramos la obra estructurada en un prólogo y cuatro actos: En el primer acto, el príncipe se encuentra en su castillo rodeado de toda clase de placeres, aunque realmente lo que él quiere es escabullirse de toda esa banalidad, por eso mismo, decide salir de caza con su escudero; Aquí se da paso al segundo acto, donde una vez en el bosque, se queda deslumbrado con Odette cuando intenta darle caza. Así comienza a perseguirla y descubre su secreto, esta, le confiesa que sólo una promesa de amor la librara de su hechizo. Sigfrido le jura amor y la invita a la fiesta que se celebrará al día siguiente en el palacio; Llega entonces el tercer acto, tras la presentación de las princesas aspirantes a ser elegidas como esposas de Sigfrido, los pajes anunciaron una visita inesperada. En este momento entra Odile, hija de Rothbart, vestida de Odette para que el príncipe caiga en el engaño y le pida matrimonio a ella, es entonces cuando aparece la verdadera Odette y ve como su amado le está siendo infiel; entre medias de esta trama; Sigfrido se da cuenta del engaño y sale en busca de ella. En el IV y último Acto, Sigfrido se enfrenta a Rothbart y consigue vencerle para librar a Odette de su encantamiento y ser felices para siempre.

Cabe destacar en la obra a los coreógrafos Vladimir Bourmeister y Lev Ivanov, en quienes recae todo el trabajo creativo de la obra, pero a la misma vez conservador en sus aspectos más clásicos. La música con libreto de Tchaikovsky, es dirigida por Pëtr Il’ig Gajkouskij y representada por la orquesta de la Scalla de Milán. El diseño de vestuario e iluminación, hecho por Roberta Guidi Di Bagno e intervenido por los dos coreógrafos principales de la obra. Sobre los aspectos de la escenografía podemos destacar todas las instalaciones y recursos disponibles por el gran presupuesto del que disponían, esto hace que tu cómo espectador puedas sumergirte dentro de la obra y dejarte llevar sin ningún esfuerzo. En cuanto a la iluminación, su fase más importante es en el segundo y cuarto acto donde se utilizan tonos fríos para destacar el romanticismo y la melancolía, en contraposición con el primer y tercer acto, donde se utilizan focos de luz cálida para crear un ambiente festivo y relajado.

En conclusión, es un espectáculo que no te defraudará por la conservación de su esencia clásica, la cual está tan bien compuesta y coreografiada que no necesita de grandes cambios para que pueda llegar a ti, como espectador, estando en el siglo XIX o en el XXI.

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