"El clásico más español

 

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 Por Carmen Valentina Rodriguez Izquierdo y Rocío Nieto Carrero

Con la primera nota musical el espectador se adentra en un ambiente español, con carácter fuerte, rodeado de abanicos, guitarras, mantones, castañuelas, volantes, toreros, jaleos gitanos y más características de la tierra española. Todo ello, va acompañado de una técnica y expresión precisa, elegante y pícara, que transmite un sentimiento vivo y deja al público con ganas de más.

La calidez, el encanto y el entretenimiento abundan en este enérgico e ingenioso ballet, que también se refleja en los característicos fondos de los vibrantes diseños de Tim Hatley.

Hablamos del Ballet Don Quijote, una adaptación del coreógrafo Carlos Acosta de la coreografía original de Marius Petipa, para ser bailada por la compañía The Royal Ballet. Todo ello, inspirándose en la novela Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, más concretamente en ‘’Las bodas de Camacho’’ que aparece en el capítulo XXI de la segunda parte donde se narra el romance entre Basilio y Kitri.

Con su danza se pretende representar una historia en la que Don Quijote y su criado Sancho Panza se dispusieron a vivir una aventura caballeresca. Conocen a Kitri y Basilio, una joven pareja que no puede casarse porque el padre de Kitri está decidido a casarla con el rico Gamache. Don Quijote decide intervenir.

Con la ayuda de Don Quijote, Kitri y Basilio convencen a su padre de que los deje casarse. Don Quijote también persuade a Gamache de que, de todos modos, preferiría casarse con la camarera. Kitri y Basilio celebran, y todos animan a Don Quijote en su camino.

Personalmente creemos que esta versión del Royal Ballet no podría mejorarse teniendo de bailarines principales a Marianela Núñez y Carlos Acosta.

La puesta en escena es bastante clara y detallada en cada uno de sus actos, desde la escenografía, la iluminación y los vestuarios pasando por cada detalle que cuidan al milímetro.

Así pues, la escenografía nos transporta al siglo XIX, donde abundan los telones y decorados clásicos, al igual que el vestuario. El carácter español está algo más reforzado en su diseño.

En el primer acto, abunda la fiesta, la iluminación ayuda a resaltar el colorido del vestuario, la escenografía representa un pueblo en el que destacan las palmas, y el uso de elementos españoles, como el abanico o las capas de los toreros. Es un acto en el que abundan los bailarines sobre el escenario.

Cuando pasamos al segundo acto, donde vivimos una plena historia de amor entre Kitri y Basilio, la música es lenta y romántica, no tiene detenciones bruscas sino que se alarga en todo momento situándonos en un plano etéreo de amor y romance. El paisaje es mucho más fantasioso, con unos efectos sonoros, como truenos o el viento, que mantienen al público con una atención constante. El vestuario acompaña la situación, siendo más romántico y fantástico, en tonos suaves, oro y seda.

Vuelven los colores dulces, vivos y, sobre todo el blanco, en el tercer acto. Nos situamos en una fiesta, en la que abunda la felicidad y triunfa el amor. La coda final en la fiesta de Kitri y Basilio la música es muy rápida, enérgica y alegre. A modo de despedida, todos los bailarines participan en la coda final.

En general la luz tiene la función de acompañar el argumento, dar sentido a la historia que están representando, diferenciar las diferencias de los actos así como resaltar a los personajes en el momento oportuno. Especialmente, es muy llamativa la forma en la que los cambios de luz del segundo acto nos llevan a un mundo irreal, imaginario, en el que se resalta de manera delicada y tenue a las bailarinas como personajes fantásticos o irreales.

En conclusión, esta técnica precisa, la iluminación tan realista y la compleja escenografía, acompañada de tantos elementos usados, hace que se convierta en una de las obras de ballet más llamativas y complejas de la Danza Clásica.

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