Hipnótica y llena de fuerza
Por Esther Sánchez Domínguez y Marta Velasco Márquez
Rocío Molina una vez más sorprende con la originalidad de sus propuestas, asombrando y fascinando al espectador. Visualmente, Bosque Ardora es de difícil comprensión pero de carácter hipnótico. Nos transporta a un bosque construyendo una sensación irreal a la que contribuye la excepcional iluminación. Dentro de su coreografía compleja y distinta, nos encontramos sin embargo con movimientos naturales y humanos.
Es una obra de flamenco-contemporáneo bastante innovadora, y aunque no mantenga las bases tradicionales del baile flamenco, están presentes palos clásicos como tangos o soleá. La bailaora y bailaores presentan también en sus brazos y en sus quiebros, entre otros, afanes muy flamencos.
La investigación llevada a cabo previamente durante dos largos años, ha supuesto una indiscutible genialidad estética. El empleo de instrumentos como trombones, platillos o guitarra eléctrica añade una impecable innovación musical. Rocío Molina siempre se asegura de rodearse de un excelente equipo de profesionales, provocando que sus espectáculos sean limpios, musicalmente depurados y orgánicos.
Es evidente que Rocío sigue teniendo ese magnetismo innato que la hace distinta cuando se sitúa en el escenario, todo es secundario cuando se pone a bailar.



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